¿Cómo poderlo explicar, cómo lo
voy a explicar? , esos son los pensamientos que me invaden la mente, pues esto
que quiero expresar no es cuestión de mente, de lógica; sino de alma, de espíritu,
de aura, va más allá de premisas, va más allá del miedo y el respeto a la
muerte.
Después de bastante visite un
cementerio, un campo santo para no hacerlo tétrico. Fui a despedir a un tío
abuelo de quien siempre recordaré su voz gruesa y sus bigotes blancos tupidos,
arreglados. Para variar, me toco como siempre ayudar con otros a llevar el féretro
hasta el último lugar. Se desarrollaba el ritual de la muerte y yo un monaguillo
de ella, caminando, cargando el lado izquierdo del ataúd, pensando,- hace unas
horas estaba en tribunales por casos laborales, después fui a ver algunas inversiones,
tuve un curso de economía de divisas, y de repente zass!!! un Death Ritual,
cuesta abajo con un cajón. Verdaderamente, no puedo quejarme de mi día, siempre
es una aventura, yo lo tomo así. Bueno, despedí
al tío abuelo, saludé a la tía, a quien aprecio bastante por su forma medio
brusca de ser, a parte que timbeaba con moneditas con mi abuela, (finada también),
con alguno que otro vasito de vinito por ahí a escondidas recuerdo, cosa que
aumenta mucho más el sentimiento que tengo hacia ella, pues me considero de su
estirpe. Como podrán apreciar, yo tomo así a la muerte, aprendí a tomarla así,
a mirar su rostro, a sentir su hedor, a ver como consume lo físico, dando lugar
a algo mucho más complejo que ella, el espíritu, y aquí si que me pongo serio,
pues experimente una conexión. Hace dos
años atrás partió un tío, una persona que vivió poco, pero a la vez vivió
mucho. Se fue joven, muy joven de cuerpo y espíritu. El querido, mi querido tío Enrique. A ver, cómo
les graficaré a esta persona. Me alquiló
un smoking, cuando yo 16 años, para debutar en un debut que nunca debute, ya
que la chica por no tener Chamberlain, me llamó a mi un sábado al medio día
como última opción de-ses-pe-ra- da. Acepte. Cuando parecía que todo saldría a pedir de logística,
el novio apareció en medio de la cena, ella me pidió mi saco, le puso al novio
y fueron al vals, yo con la abuela en la mesa, Forest Gum por ahí, pero quien
me consiguió el traje, me presto el auto diciéndome, voy a esconderme en el estacionamiento, deja la
llave puesta, la pendeja tiene que ver que llegas, te bajas con pinta, cerrás
el auto y vas. Ahh. Aquí tenes un celular (telecel), llamame cuando termina
vengo a buscarte, ahh aquí un poco de dinero.. sí..así de amigo, era el tío
Enrique. O cuando me llevó a jugar fútbol con un grupo de empresarios donde le barrí al capo máximo, o cuando fuimos a
trabajar y deje un cheque al portador de 15.000.000 en el techo del auto y voló,
desesperados fuimos a cancelar, o cuando me hizo hablar en radio por vez
primera en su cobertura deportiva de rally, cuando cantábamos nuestros temas
con guitarra, o trajes que me prestó para las fiestas, o
cuando estuvo conmigo apoyándome en aquella traición de un amor, y así
estuvimos juntos en los buenísimos y muy pocos malos momentos. En una de las últimas
conversaciones que tuvimos, el ya enfermo, me dijo: Andrés, acostate, sacate
los zapatos mi amor, dale, acostate, ahí tenés la almohada, tranquilo nomás, no
te apures en nada, disfruta la vida, querele a tus amigos, a tus verdaderos
amigos, “ no te acuestes con la hermana de ninguno”, nunca, no vale la pena
destruir la amistad por nada, y cuídate, siempre cuídate, porque te queremos
mucho, todos te queremos. Y yo le miraba y sabía que él sabía, que ambos sabíamos
lo que dentro de muy poco sucedería. Esas palabras y otras más bellas, las
cuales me las reservo, eran el íntimo hasta otro momento del tío Enrique para
conmigo. Estaba cansado ya, y yo no entendía en aquel momento lo que es un espíritu
tranquilo. Ese era mi tío Enrique físicamente para que se hagan una idea.
Al caminar por el jardín de la
paz, viendo los pequeños epitafios, mamá y otro tío empezaron a buscar el suyo,
ya que mal recordamos porque hay más huéspedes en el sitio, pero había sido pasamos de largo,
yo ya allá en la punta que me quería ir, cuando veo que la gente se sienta en
uno de los banquillos allá a cien metros abajo, no dejándome opción más que retornar. A solas me acerque a la lapida. Era la primera
vez que yo iba desde que lo pusimos ahí,
pues no me gusta ir a los cementerios a tomar tereré con los muertos, creo que
es algo insensato. Es más, antes de acercarme por completo le mande a la china mentalmente
a dos señoras que estaban con sillones como de picnic tomando mate bajo la
sombra al lado de un epitafio. y llegué , ni se imaginan lo que sentí. Cuando ví
su nombre empecé a reírme, oí su voz, y
sentí su presencia ahí. Me invadió una presencia, esa que tenía siempre frente
a mí, me sentí cerca de él, hablamos un minuto, nos conectamos. Sentí que le
abrazaba, que me envolvía, éramos el mismo espíritu de cuando estábamos juntos
en nuestras andanzas, de cuando le daba un beso, de cuando reíamos, de cuando
siempre me llamaba al cel y me hablaba como Curepa.. Que asheee!!! Vení vamos a comer asado!!! ,
de cuando tuve mi primer vehículo y salimos a dar una vuelta y estaba contento por mi logró, de cuando me
aconsejaba para con las chicas, y de otras tantas, pero tantas cosas que hoy
las valoro, de esos domingos de tarde con algo especial que hacia que vaya
siempre a visitarle, y después como
nada, desapareció esa magia, desapareció esa intensidad que me lleno de fuerzas para continuar
adelante, corrigiendo mis errores, y
persiguiendo mis sueños. Fue un hermoso,
un bello presente que el universo me dio hoy, y le estoy muy agradecido, por
todo lo que sentí profundamente en ese momento, no hubo lágrimas, hubo risas pícaras,
y un silencio, retorné al ayer, fui hasta mil momentos, y siento que crecí
espiritualmente, eso me demostró, de que puedo cambiar, de que puedo cambiar de
pensamiento, porque ahí entendí lo que estaban haciendo las señoras, y desde
ese momento, cambió mi parecer, porque recordé la ley de la que ellos habían hablado, la Ley Canal:
“ Necesitamos la energía del espíritu
de nuestros seres queridos”, nutrirnos de ese aura que está ahí, abriendo un
canal con nosotros, alimentando nuestra quinta esencia, nuestro espíritu”.

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